Luego de varias postergaciones, diferentes diagnósticos y prognosis, me operaron en el Sanatorio Parque. Nada ese día parecía real, hasta que me puse la bata estéril y vino a buscarme el camillero.
Esa es la soledad.
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En el ascensor, el camillero me preguntó un par de cosas, pero una le interesó más que las otras:
- ¿Qué día es hoy?
- Miércoles. Miércoles 9.
- Ah, ¿es miércoles? Pensé que era martes.
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El tiempo que pasó entre que semidesperté de la anestesia en el quirófano y me llevaron hasta la habitación fue de aproximadamente media eternidad. Voces de enfermeros me repetían: "no llorés, ya va a pasar".
Cuando llegué al cuarto, se dio esta conversación con mi hermano (quien me la recordó):
- Me duele el pecho.
- Ya va a pasar.
- No pasa nunca.
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Un día me sentía muy mal. Mi mamá fue a buscar a la enfermera. Después de 45 minutos, llegó:
- ¿Te sentaste muy rápido? Lo que pasa es que tenés que considerar que, en estos días, tu organismo está envuelto en sábanas.
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En algún momento del jueves, imagino que a la madrugada, me puse a ver un capítulo de Dr. House. Al final, él hablaba con su nueva asistente:
Ella: - Estoy feliz de que finalmente haya pasado todo.
Él: - Nada pasa nunca.
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El sábado me dieron de alta. En el ascensor, me crucé con el camillero.
- Yo te llevé al quirófano, ¿no?
- Sí.
- ¿Qué día fue?
- El miércoles.
- Ah, ¿el miércoles?
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