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martes 3 de enero de 2012

Llegando

En una casa que no es mi casa, en una ciudad que no es mi ciudad, en un cuerpo que dudo sea mío y con una cabeza a la que hace rato perdí el rastro, recibí el nuevo año. Una gata con pulgas, que se llama Mía y no obedece a su dueño, se encariñó con mis pies.


En una casa que no es mi casa encontré una forma que me recordó a mi infancia. Este mismo adorno estaba en la cama turquesa de la casa de Las Heras. Para mí era una cara, un poco triste, un poco umbría, pero amiga al fin de cuentas.


Una ciudad que no es mi ciudad me recibió para que yo pudiera creerme mis mentiras de nuevo año. Una y otra vez, con capote y sin capote, el cielo me hizo pensar que seguiré en este camino de soledad por mucho tiempo. Si sigo sin pertenecer a ningún lado, no es tan doloroso.


El miedo al otro es insuperable.